Memorias de un Foro Inesperado

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El tema de la inclusión de la mujer en el campo del trabajo ha sido menospreciado frente a otros temas de género que han demandado atención urgente, como lo es la prevención de las violencias contra la mujer. Sin embargo y afortunadamente, en varios países de Latinoamérica existe una creciente tendencia a comprender la equidad laboral como parte del desarrollo de la mujer en la sociedad de manera integral y como piedra angular de su empoderamiento. Es así como hoy en día se discute en el mundo de la política y los negocios acerca de la participación de la mujer en la economía, los espacios que estamos ocupando y el modelo de liderazgo que estamos proponiendo, así como las nuevas preguntas que esto suscita sobre las responsabilidades de la mujer y del hombre frente a la sociedad.

Para el primer panel del foro escogimos traer a invitadas que discutieran acerca de los incentivos que existen hoy en día para generar condiciones de igualdad en un espacio tradicionalmente masculino: el trabajo. En este sentido, discutimos acerca de procesos de certificación de empresas en equidad de género, y fue muy claro el papel que cumple la empresa como motor de la sociedad y por lo tanto el rol fundamental que debe cumplir la mujer allí. Las panelistas resaltaron que es primordial que las empresas comprendan que la inclusión de la mujer va mucho más allá de una causa de justicia social. La inclusión de más mujeres en cargos de liderazgo está directamente relacionado con una mayor productividad de las empresas, factor por el cual la inclusión de la mujer debe ser considerada como una estrategia de negocios. Pero, ¿cómo retener el talento femenino en las organizaciones? Las panelistas resaltaron que las culturas empresariales deben promover prácticas de trabajo flexible, y que en este proceso el papel de los hombres es imprescindible, puesto que cuando se logra el equilibrio en los roles tradicionales de género, la mujer puede conciliar su vida familiar con la laboral.

Un ejemplo claro de esta situación lo resaltó una de las invitadas del panel. Una mujer se presenta a una entrevista de trabajo y cuenta que es madre de dos hijos –una de cuatro y otro de dos años-, ella ha estudiado en determinada universidad y realizó una especialización. El mismo perfil se encuentra en un hombre: dos hijos, la misma universidad y la misma especialización. ¿Cuál es la percepción de la persona que entrevista? Con la mujer, la empresa teme acerca de su compromiso y puntualidad, pues consideran que la familia siempre tendrá prioridad sobre su trabajo. Con el hombre ocurre todo lo contrario. Un padre de familia y esposo denota responsabilidad y estabilidad. De acuerdo a esta y otras realidades desiguales, comprendemos que aun existe en las empresas un fuerte sesgo de género que debe ser abordado desde las áreas directivas de las empresas, para que las políticas y culturas equitativas se conviertan en una práctica transversal a la organización.

Para el segundo panel del foro decidimos ahondar en la experiencia de la mujer en las organizaciones en Colombia. Así, invitamos a una líder en periodismo, otra líder que actualmente trabaja en el Estado promoviendo iniciativas para reducir la pobreza y finalmente a la fundadora de una organización que propende por el liderazgo profesional de la mujer.

La conversación, naturalmente, tuvo una dirección muy distinta, al referirse específicamente a las vidas de las mujeres presentes y reunir visiones divergentes. Se discutió acerca de si es relevante o necesario explicitar las condiciones de inclusión de la mujer en las organizaciones; para algunas panelistas esto no era necesario pues nunca habían sentido discriminación con base en su género y siempre han logrado sus objetivos mediante el trabajo duro. Otras panelistas defendían la postura de que la discriminación se siente y se ejerce según la clase social, y entre menos recursos se tiene (por ejemplo, para el cuidado de los niños) más proclive se es a obtener menos oportunidades laborales.

Se habló también acerca de sectores que son menos propensos a ser equitativos, como el periodismo, tradicionalmente considerado de riesgo y valentía y sobre cómo para sobresalir en él es necesario que la mujer esté constantemente justificando su éxito, lo cual la lleva a cargar muchas veces injustamente con el estigma de haber utilizado su sexualidad para lograrlo.

Un punto importante en la mesa fue el de las barreras internas. Hablamos de que nosotras mismas como mujeres nos imponemos estas barreras, por ejemplo, al aceptar que nos llamen ‘niñas’ toda la vida, al mantenernos por fuera de la discusión, al invisibilizarnos a nosotras mismas por no dar a conocer nuestros logros y capacidades, por miedo a ser desprestigiadas o menos queridas por otros.

Finalmente, hablamos acerca de las barreras externas que imponen las estructuras de la sociedad sobre nosotras, como lo es la desconfianza hacia el liderazgo femenino, la diferencia de salarios entre hombres y mujeres en el mismo cargo y el menosprecio hacia las características típicamente femeninas (conciliación, cooperación, apelar a las emociones). Como parte de estas barreras se mencionaron aquellas que las mismas mujeres ponemos sobre otras mujeres en forma de discriminación, rivalidad o competencia. En general, el Foro fue un excelente espacio de discusión acerca de las apuestas organizacionales, estatales y de negocios que a partir de distintas motivaciones propenden por la equidad de género en el campo laboral, permitiendo la discusión honesta y personal de mujeres que han logrado el liderazgo y el éxito.

Aequales logró su cometido al lograr incorporar voces expertas y nuevas a la discusión sobre el papel y el desempeño de la mujer en las organizaciones en Colombia y en el exterior, y, especialmente, dejar un cuestionamiento en las mentes de los asistentes: ¿qué podemos hacer cada uno desde nuestro lugar de trabajo para propiciar la igualdad real de oportunidades?

*Experta en género y derechos humanos. Co-fundadora de Aequales, institución enfocada en reducir la brecha de género en las empresas en Argentina, Colombia y Perú.

Stakeholders: una herramienta para sortear el techo de cristal

Hace tiempo estoy tratando de entender, ¿qué es lo que nos detiene a las mujeres?, ¿qué es lo que nos impide tener los mismos cargos y salarios que los hombres?

La diferencia entre géneros se explica a menudo a partir de la maternidad y el equilibrio entre las tareas de la casa y el trabajo. Hace un par de semanas participé de un Congreso coordinado por Voces Vitales Argentina. Un grupo de mujeres vinculadas a la política contaron su experiencia como mujeres en posiciones de liderazgo, la palabra “maternidad” predominó el discurso.

Si bien me parece que la maternidad es un desacelerador en la carrera de las mujeres no me resulta una explicación suficiente. Tengo la intuición de que hay algo más que la maternidad. En mi caso personal, por ejemplo, la maternidad me queda muy lejos, no es una variable que esté en juego. Y de todos modos creo que si fuera hombre ya hubiese avanzado más casilleros.

Las últimas semanas conversé con varios candidatos aplicando a una misma beca en los Estados Unidos. Hombres y mujeres me hicieron preguntas diversas, revisamos aplicaciones, conté mi experiencia, me contaron la suya, pensamos sobre las cartas de recomendación que debían pedir. Noté cierta tendencia y diferencia entre hombres y mujeres; ellas me preguntaron más sobre cómo mostrar sus logros de forma efectiva, ellos me preguntaron más sobre las recomendaciones que necesitaban, sobre qué es lo que busca la Universidad. Desde entonces la palabra stakeholders ha estado dando vueltas en mi cabeza.

Esta vez la intuición me dice que las mujeres podríamos enfocarnos más en identificar y trabajar con los stakeholders, pues considero que esta es una de las claves del éxito. ¿Qué son los stakeholders? Son todos los actores involucrados en el proceso mediante el cual se cumple un objetivo. Por ejemplo, si tu objetivo es conseguir una beca para estudiar en Estados Unidos debes pensar en todos los involucrados: universidades extranjeras, universidades locales, otros candidatos a becas, asociaciones de graduados de las universidades a las cuales quieres ir, alumnos actuales de la universidad, organizaciones que puedan otorgarte la beca, tu familia y amigos que dejarás en tu país, cualquier persona que esté interesado en que te capacites mejor o cualquiera a la que después le servirá decir que te ayudó.

¿Por qué son importantes los stakeholders? Porque para lograr el éxito debes trabajar de cerca con todos aquellos que afecten de manera positiva o negativa tus posibilidades de lograrlo. Esto es probablemente igual o más importante que tus resultados.

Por lo tanto, seamos más consientes al identificar actores que pueden afectar nuestros resultados. Trabajemos en conjunto con ellos, acerquémonos sin miedo, pidamos ayuda, identifiquemos qué tenemos nosotras que puede servirle a la otra parte, y trabajemos en conjunto. La buena noticia es que esta es una variable para el éxito que podemos controlar nosotras mismas. ¡Vamos, adelante!

Cuando la equidad se convierte en rentabilidad

Por Andrea de la Piedra, co fundadora de Aequales

Equidad. Una palabra que nos ha acompañado como organización desde que fundamos Aequales a inicios de este año. ¿Existe una verdadera equidad de género en las empresas? Sabemos que la respuesta, lamentablemente, suele ser negativa. Sin embargo, para Aequales la equidad de género se traduce en dos cosas: rentabilidad y mejora para la empresa.

Las cifras lo demuestran, según el informe de Brechas de Género 2014 del Foro Económico Mundial, solo el 12% de empresas colombianas cuentan con mujeres en posiciones de liderazgo y en Perú el 14%. De las 70 empresas más grandes en Perú, solo hay una mujer en la presidencia, y de las 100 más grandes en Colombia, solo 5 son mujeres presidentas. En otras palabras, hay muy poca equidad en posiciones de liderazgo.

Justamente la gran meta de Aequales es reducir las brechas de género en las empresas -fomentar la equidad- y empoderar a la mujer profesional. ¿Qué entendemos nosotros por equidad de género corporativa? La posibilidad de que tanto hombres como mujeres tengan las mismas oportunidades para ascender dentro de una organización, ser capacitados y contratados de la misma manera; basado en sus méritos y no en su género.

El problema es que en la realidad esta situación no suele ocurrir. Un ejemplo común: ¿alguna vez le han preguntado si planea salir embarazada en una entrevista de trabajo? Para Aequales, una empresa u organización equitativa contrata más allá del género. Esta es una pregunta que no le harían a un hombre, esta es una pregunta que discrimina.

Beneficios de la equidad

El mensaje es claro: la equidad genera rentabilidad. Según Catalyst, centro de pensamiento en género y empresa, las empresas con mujeres en posiciones de liderazgo tienen un retorno a la inversión 26% mayor a las que no, además sus acciones suelen tener un mejor valor en la bolsa, entre otros beneficios ligados a la productividad. La equidad también permite que se genere una mejor cultura organizacional, ambientes de trabajo menos corruptos y espacios de trabajo más colaborativos.

Según el estudio “Beneficios macroeconómicos de la equidad de género” del Fondo Monetario Internacional, las empresas que contratan personal gerencial femenino podrían estar en mejores condiciones para atender los mercados de consumo dominados por mujeres y una mayor diversidad de género en las juntas directivas podría redundar en un mejor gobierno corporativo, dado que permitiría tener en cuenta una gama más amplia de perspectivas. Sabemos que las mujeres toman el 70% de las decisiones de compra en el mundo, y que son el segmento de mercado emergente más grande del mundo; ¿Por qué, entonces, no promover la equidad?

Tal como dice Sheryl Sandberg, autora del libro “Lean In” (“Vayamos Adelante”), un mundo donde la mitad de los hogares estén dirigidos por los hombres y la mitad de las organizaciones por mujeres, es un mundo mejor. Sin duda, es también un mundo más equitativo.

Foto Tomada de: Business people sitting in a row and working, focus on pretty woman Shutterstock.

Aequales, ganadoras del concurso Ventures 2014 cuentan su propia historia

Aequales es una experiencia transformadora de mujeres profesionales para mujeres profesionales y líderes en Latinoamérica.

Aequales nace en una experiencia transformadora en las que nos conocimos inesperadamente las tres socias fundadoras. Tres chicas jóvenes, seleccionadas como becarias del programa de Liderazgo Competitivo Global de la Universidad de Georgetown. Tres jóvenes que encontramos una preocupación y pasión en común: las ganas de generar cambios significativos para otras mujeres profesionales en Latinoamérica.

Si bien encontramos que hay equidad entre hombres y mujeres que se gradúan de las universidades y también en las posiciones más junior dentro de las compañías, vemos que ocurre todo lo contrario en las posiciones de liderazgo, donde los puestos directivos y presidencias siguen siendo presidiendo los hombres. Con esa premisa en mente, partimos de una pregunta: ¿Qué podemos hacer las mujeres latinoamericanas para llegar a esas posiciones de liderazgo?

Mercedes Werner, administradora de empresas de Argentina, Andrea de la Piedra, periodista de Perú y María Adelaida Perdomo, psicóloga colombiana, fuimos las fundadoras que nos inspiramos por lecturas que hicimos de mujeres como Sheryl Sandberg, COO de Facebook, sobre las barreras y oportunidades de las mujeres en el ámbito profesional. A partir del panorama profesional inequitativo al que nos veríamos enfrentadas, aparentemente sin remedio, decidimos enfocar nuestro proyecto en encontrar una solución a ese problema. Es así como nace Aequales, que significa igualdad en latín, ya que justamente buscamos la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres profesionales. Así, decidimos convertir nuestra causa en una propuesta de valor para las empresas, es decir, tomar los derechos de la mujer -los cuales guían todo nuestro trabajo y nuestra pasión- y aprovecharlos como parte del trabajo que realizamos al mismo tiempo que generamos valor para las empresas y para nosotras como profesionales.

Aequales es una alternativa para que las empresas puedan mejorar las condiciones laborales para las mujeres profesionales y asimismo se vean beneficiados por la participación de ellas. Somos una consultora en género y ofrecemos a las empresas revisión y acompañamiento en procesos, políticas y cultura que mejoren las condiciones de las mujeres profesionales.

Beneficios de la equidad para las empresas

Se ha comprobado a partir de múltiples estudios internacionales que las empresas con más mujeres en posiciones de liderazgo son más rentables, por ejemplo, aumentando en un 26% la retorno de la inversión, según el Think Thank Catalyst.

Estas empresas equitativas también mejoran su cultura organizacional en términos de comunicación, colaboración y disminuyen los niveles de corrupción. Las empresas también se benefician de la atracción del mejor talento femenino y de su retención, esta inclusión también tiene un efecto sobre la marca e imagen de la empresa frente a sus consumidores.

Finalmente, y no menos importante que los argumentos anteriores, otro factor importante es que las mujeres toman hoy en día el 70% de las decisiones de compra en el mundo, según el Banco Mundial, y son el segmento de mercado emergente más grande del mundo, el cual deben ser aprovechado por las empresas.

Muchas veces nos han preguntado qué significa la equidad de género corporativa y sabemos que esta se logra cuando las mujeres tienen las mismas posibilidades de ascender, de ser capacitadas y de acceder a los mismos contactos que los hombres, además de tener la oportunidad de compaginar su trabajo con su vida familiar.

Esto último tiene que verse atravesado por un cambio de roles sociales donde el hombre también sienta que puede y debe aportar en las labores del hogar, y así permitir que la mujer pueda dedicar más tiempo a su trabajo y al networking, dejando así que ambos tengan vidas equilibradas.

Aequales ha pasado de entender todas estas variables a aprender a implementarlas en las empresas para que incorporar el enfoque de género sea útil para éstas en su día a día y demuestre resultados positivos.

La experiencia en Ventures
Como parte del recorrido en nuestro primer año de existencia, tuvimos la oportunidad de ser concursantes y ganadoras del concurso de emprendimiento Ventures en Colombia. Después de darnos a conocer por primera vez a través del I Foro de Buenas Prácticas de Inclusión de la Mujer en las Organizaciones, el cual organizamos en Bogotá para conversar con distintas organizaciones, mujeres líderes y el público en general sobre las barreras y oportunidades que encuentran las mujeres en Colombia y en Latinoamérica para liderar las organizaciones.

En este 2014 nos fortalecimos y aprovechamos el impulso del Concurso Ventures para estructurarnos como empresa. Con nuestro corazón y ética podemos decir que, Aequales ha crecido de la mano de Ventures para llegar a ser hoy una empresa de consultoría en equidad de género. Contamos con un equipo en Perú y en Colombia, habiendo incorporado a Maud Sandoval en el país inca: y a Naiara Martínez, mujer española, consultora en género y diversidad de organismos internacionales, en el territorio colombiano.

Con la satisfacción de haber aprendido y construido, sabemos que el reto más grande viene ahora al ponernos a prueba en las empresas para lograr generar valor al mismo tiempo que generamos el acceso y el bienestar de las mujeres dentro de diferentes organizaciones. Con disciplina, seguimos luchando por la equidad de género en Latinoamérica y esperamos contar con muchas más personas para lograrlo.

Auto-complot

Hace dos días estaba conversando con un amigo y le conté mi historia y algunas experiencias profesionales por las que había pasado. Había trabajado en la producción de dos documentales, redactado un libro muy corto a los 21 años cuando estaba en la universidad y acababa de regresar de una beca en la Universidad de Georgetown. Aún así, no era suficiente. No me gustaba mucho el resultado general de uno de los documentales, el libro era muy chico y yo muy joven cuando lo escribí, e inclusive muy pocas personas cercanas a mí habían visto los documentales.

La conversación con mi amigo terminó en una pregunta: ‘¿por qué no reconoces tus logros?’

Algo similar ocurrió la última vez que fui a la universidad. Éramos 39 alumnos en una misma clase: 18 hombres y 21 mujeres. Cada vez que la mayoría de las chicas hacía una pregunta o daba un comentario, se excusaba: “lo que voy a decir no es tan relevante..”, “lo siento, pero…”, “quizás esta pregunta no tiene sentido..”. Yo misma lo hacía.

¿Por qué, en ciertas ocasiones, las mujeres no nos atribuimos el reconocimiento que merecemos ante nuestros logros y por qué nos excusamos? Sheryl Sandberg, jefe de operaciones de Facebook, ha escrito sobre el tema y ha llamado a este factor las ‘barreras internas’. En su libro Vayamos Adelante (Lean In), ella explica esta situación contando también una experiencia propia de su época de estudiante en Harvard. La mejor amiga de Sheryl, Sheryl y su hermano llevaron una clase juntos: historia intelectual europea. Días antes del gran examen final, su amiga, que había leído todas las lecturas en el latín original, Sheryl, que leyó todas las lecturas en inglés, y su hermano, que había leído tan solo dos lecturas, decidieron estudiar juntos. Tras la prueba, Sheryl sentía que no había acertado del todo en algunas preguntas sobre Kant, su mejor amiga creía que debía haber respondido diferente también en algunas partes, y su hermano, por otro lado, estaba radiante y feliz con el resultado. Estaba seguro que tendría la mejor nota de la clase.

¿Qué hay detrás de estas historias? Barreras internas por las que las mujeres no asimilamos del todo nuestro éxito. Sandberg analiza estas barreras y sugiere que las mujeres atribuimos nuestro éxito a factores externos -la oportunidad que nos dieron en el trabajo, los profesores que llegaron en el camino, la suerte que tuvimos-; mientras que los hombres lo hacen por motivos personales –soy bueno, soy inteligente, tengo de sobra las capacidades necesarias- (tal cual ocurre en el relato sobre el hermano de Sheryl). “Estas barreras internas necesitan mucho más de nuestra atención”, añade en su libro. “En parte porque están bajo nuestro control, porque podemos desmantelar hoy los obstáculos que nos ponemos a nosotras mismas”, sugiere.

Jessi L. Smith, psicóloga y profesora de la universidad de Montana (EEUU) realizó un estudio denominado “Los derechos de alardear de la mujer. La superación de la modestia: normas para facilitar la auto promoción de la mujer”, donde concluye que los hombres no se ven afectados por las normas de la modestia como lo hacen las mujeres. Añade también que las mujeres restamos nuestros propios logros pero no el de nuestras amigas.

Sin duda, este tipo de comportamiento está ligado a percepciones que existen en la sociedad sobre la mujer (o lo que “debe” ser una mujer). “Se debe a que interiorizamos el mensaje negativo que obtenemos a través de nuestra vidas, esos mensajes que dicen que está mal ser abierta, agresiva, o más fuerte que los hombres. Y en ese camino, bajamos las expectativas de lo que podemos lograr”, añade la jefe de operaciones de Facebook.

Esta conducta parte también de las expectativas con las que nos educan desde bebés. Cuando nacemos, los padres tratan diferente a las niñas que a los niños. Las madres y padres tienden a sobreestimar la capacidad de gateo de sus hijos mientras que subestiman la habilidad de sus hijas. “Vivimos en una sociedad donde históricamente las normas culturales de género son poderosas”, afirma Smith. “Esta no es una forma de condenar a las mujeres. Es parte de nuestra cultura, y es parte de nuestro trabajo encontrar formas de cambiar esas normas culturales”, concluye.

Quizá la clave está en enderezar la distorsión que generamos de nosotras mismas y nuestros logros. Olvidarnos del constante pero y asimilar el lo logré con más soltura. Y, sobretodo, sentirnos orgullosas de ello. Quizá con más confianza, obtengamos también más oportunidades.

*Periodista y cofundadora de Aequales, institución enfocada en reducir la brecha de género en las empresas en Argentina, Colombia y Perú.

Y0, ¿feminista?

Las mujeres de mi tiempo, sobre todo las jóvenes -de quienes tanto se espera- viven una ironía. Todos los días se levantan para ir a la universidad y al trabajo, salen a la calle, cogen bus, pagan sus comidas en los restaurantes y sus entradas en el cine. Salen solas y bailan solas. Cuando quieren, salen a votar, a marchar y se postulan para ser elegidas por otros como sus representantes en la sociedad. Pagan sus impuestos y construyen sus patrimonios. Deciden qué estudiar, con quién casarse y si hacerlo o no, cuándo tener hijos, qué tipo de ciudadanas quieren ser y qué tipo de sociedad quieren construir. Saben gritar cuando son víctimas de la injusticia, saben a dónde acudir y esperan que la sociedad y la ley las escuchen. Esperan más de los hombres, más de sus carreras, más de sus trabajos, más de sí mismas. No se rinden, no se dejan opacar, luchan por lo que se merecen y creen en la libertad.

Y a pesar de todo, apenas escuchan la palabra ‘feminismo’, es como si hubiera una explosión y todas corren bajo el son de ‘sálvese quien pueda.’ Tantas veces he oído expresiones como: ‘odio esa palabra’ o ‘trabajamos por las mujeres pero no somos feministas, ni machistas’, ‘no soy como esas feministas radicales insoportables’, ‘los hombres y mujeres siempre han sido y van a ser distintos, esa pelea no tiene sentido’.

Pero realmente, ¿cuántas de nosotras sabemos qué es el feminismo y qué ha hecho por nosotras? ¿Por qué nos apresuramos en asegurarnos de que nadie nos asocie con esta palabra? ¿Por qué cuando presenciamos la injusticia o queremos reivindicar nuestro espacio o nuestra libertad, tantas veces lo hacemos bajo el manto de la neutralidad?

Déjenme decirles, señoras y jóvenes de nuestro tiempo, que cada vez que ustedes realizan una acción para reivindicar su libertad, por pequeña que sea, están ejerciendo el feminismo. Cada vez que una mujer dice ‘no quiero’, cada vez que clama justicia, cada vez que resiente la diferencia que se hace en nuestra sociedad por haber nacido mujer, cada vez que defiende su independencia, su carrera, su cuerpo y las decisiones que toma en todos los ámbitos de su vida para sí misma, está ejerciendo el feminismo. Y no solo eso, por más que queramos alejarnos del concepto, no es sino por el feminismo que todos los días compartimos carpetas y oficina con los hombres en la universidad y en el trabajo. Es gracias al feminismo que salimos a votar y somos elegidas, que tomamos anticonceptivos, que escribimos y hablamos en los medios. Que tenemos licencia de maternidad y leyes que nos protegen de la violencia. Es gracias al feminismo que podemos tener propiedades, pedir créditos y tener una nacionalidad. Que somos ciudadanas, independientemente de nuestro estado civil, independientemente de quién es nuestro padre o quien es nuestro esposo. Pueden estar seguras de que las libertades de las que gozamos hoy como mujeres, dependieron de otras mujeres que salieron a las calles y al ámbito público a poner su identidad y su cuerpo como blanco. De feministas que expusieron su punto de vista so pena de ser estigmatizadas, para que hoy nosotras podamos tomarnos esta libertad y este lujo superfluo de decidir si somos feministas o no.

La feminista de hoy en día no se encuentra solamente en la marcha o en el debate político. La feminista de hoy está en cada madre que quiere las mismas oportunidades y posibilidades para su hija que para su hijo, en la ejecutiva que quiere recibir el mismo sueldo que un hombre para el mismo cargo, en la mujer que quiere ser evaluada según sus logros y competencias y no según su apariencia, en la mujer que se pelea una curul en el Congreso.

Entendiendo el feminismo de esta manera, bajándolo a la cotidianidad de las mujeres, des-satanizándolo, podemos identificarnos lentamente con los postulados de este movimiento, del que tanto se ha hablado y al que tanto daño le han hecho las palabras irresponsables que no se han tomado el trabajo de enterarse de qué se trata realmente.

El feminismo no es para políticas y académicas, es para todas las mujeres en todos los ámbitos, quienes desde sus propias vidas ven la necesidad de cambiar patrones sociales arraigados que son inequitativos, excluyentes y discriminatorios. En una palabra, el feminismo es una idea de libertad de las mujeres para las mujeres y podemos apropiarnos de sus herramientas, acciones y recorridos para reconocernos más dignamente como personas, como ciudadanas sujetas de derechos y como agentes de cambio en nuestra sociedad.

*Experta en género y derechos humanos. Cofundadora de Aequales, institución enfocada en reducir la brecha de género en las empresas en Argentina, Colombia y Perú.